El ciclo menstrual: amor a la feminidad

Foto por Nikos Koutoulas

“La comprensión y el uso de los dones creativos, sexuales y espirituales del ciclo menstrual.”
Miranda Gray

En el pasado, para el sexo femenino, el ciclo menstrual era un periodo en donde la mujer recibía la esencia de los más puros dones creativos, físicos, espirituales, emocionales y sexuales. Era un obsequio que la naturaleza daba al sexo femenino en su renovación cada mes; de este modo se creía que existía conexión directa y profunda con el hombre y el cosmos. Esta creencia de la menstruación como regalo sagrado hacia la mujer, estuvo presente en la antigüedad y existe para todas nosotras; sin embargo, debido a diversas situaciones sociales, políticas, económicas y culturales de la mujer, este conocimiento se ha enterrado y cambiado; entonces lo que se observa actualmente, es que la menstruación genera repulsión hacia este momento tan hermoso y natural que expresa el ser femenino.

En el periodo de la niñez, la energía del sexo femenino es lineal, se presenta de una forma constante, existe ausencia de ciclos, con el único objetivo de crecer tanto físicamente como mentalmente. Cuando este periodo se ha superado y la niña se convierte en adulta, la energía se torna cíclica, al repetirse cada 28 días en promedio, lo que crea momentos y periodos específicos en la mujer. Por otro lado, a lo largo de la historia, el sexo femenino ha estado conectado por las fases de la luna, el ciclo menstrual está sincronizado con este satélite natural de la tierra. Algunas mujeres menstrúan con la luna nueva y otras con la luna llena, cada mujer escoge o se acomoda a su propio ritmo, así lo mantiene natural y armónico.

Foto tomada por Ed Ivanushkin

El significado de esta unión entre la menstruación y la luna se presenta de maneras diversas, recordemos que “En latín, se utiliza la misma palabra para los términos mes y luna, y de ese vocablo deriva menstruación. Estas ideas encuentran su expresión en el amplio abanico de actividades que conforman los cimientos de la civilización: la agricultura, la organización social, las artes y los trabajos manuales, el comercio, el aprendizaje, la profecía y la religión” (Gray, 2003, p.79). La representación del ciclo menstrual, del ser mujer y la menstruación para los antepasados, nunca fue una maldición; por el contrario, era un don que daba origen a la organización cultural; por lo tanto, el ciclo femenino se correspondía con energías simbólicas, creativas y creadoras, pues de ellas dependía traer vida al universo.

Moon & Woman foto por Steve Snodgrass

En la mitología celta, el sexo femenino era el encargado de otorgar la soberanía a los reyes o líderes; con el fin de proteger sus linajes, el primogénito era el heredero al poder, como en la mayoría de los reinos del medioevo. La diferencia radica en que para los celtas, el heredero antes de tener el poder del rey, debía encontrar a una mujer para casarse. Después de esta unión, la mujer participaba y opinaba sobre las decisiones. La mujer era capaz de ofrecer sabiduría, creatividad y el reino divino a cambio del matrimonio. El derecho a ser rey y al poder divino, lo otorgaba la mujer, siempre y cuando este caballero fuera justo, guiara a su pueblo y fuera fiel a la gente. En la actualidad, la mujer puede ofrecer al hombre sabiduría, creatividad y poder divino, siempre y cuando el hombre brinde la soberanía que hay en ella, es decir, permitirle actuar de acuerdo a su esencia natural. “La soberanía reclama la libertad de ser ella misma, y esta libertad debe provenir no sólo de otras mujeres sino también de los hombres, que siempre recibirán el amor y la confianza que han depositado ellas al admitir su soberanía.” (Gray, 2003, p.79).

Según varias investigaciones y debido al patriarcado, la cultura y la sociedad han tratado de anular el poder, los dones y la energía de la mujer. En una de las fases menstruales, justo después del sangrado, es el momento en el cual la mujer debe oír al corazón y a la esencia de ella misma, es necesario prestar atención a los pensamientos, poner orden a las ideas y estar totalmente perceptiva a cualquier sensación, esto con el objetivo de tomar decisiones coherentes relacionadas con las pasiones y creencias. En esta fase la mujer es independiente, consciente de las necesidades, de la realidad y segura de sí misma; además los hombres perciben a las mujeres en esta fase, como una amenaza, pues es una mujer liberada, consciente y completa, sin tener la necesidad de estar unida al sexo masculino.

De acuerdo a la anterior afirmación, el patriarcado nos ha implantado el estigma en cuanto a que el ciclo menstrual no es propio de la naturaleza, es una enfermedad y genera repulsión. Para la inmensa mayoría de mujeres la menstruación es un desperdicio, es un desagradable acontecimiento por el que hay que pasar todos los meses sin que nadie lo note. Esta prejuiciosa actitud hacia una manifestación saludable y natural del cuerpo nos ha ido alejando de la posibilidad de conocer y amar nuestro lado femenino.

Para concluir, en las antiguas culturas conocían sin duda el poder de la menstruación, una cuestión que debe saberse y aceptarse, que persiste hoy en día en escasas sociedades; pero ocurrió que los hombres de las primeras sociedades patriarcales empezaron a considerar este poder como un peligro para ellos, por lo cual aquellas prácticas que las mujeres habían establecido para tratar con las energías creativas, inherentes a este proceso natural de sus organismos, se convirtieron en objeto de duras críticas.

La menstruación pasó de considerarse santa y sagrada a convertirse en sucia y contaminante; por lo cual se difundió la creencia respecto a que la mujer durante esos días era una fuente de energía destructiva, pues su feminidad escondía un poder mágico. Se llegó a la conclusión que la única forma de contener tal poder era alejar a la mujer de la comunidad y la tierra, pues se pensaba que esta magia desenfrenada no solo afectaba a todo aquello que estaba en contacto con la propia mujer, sino que era especialmente peligrosa para los hombres y su modo de vida.

Es importante que las mujeres amen y acepten su feminidad. El ciclo menstrual no solo es un sangrado inconveniente e intrascendente; es un don que debe ser agradecido a la naturaleza y se debe recordar continuamente; de esta forma cada mujer podrá vivir su esencia femenina al máximo y rendir homenaje al cosmos.

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Adriana Bernal Gaona.

Bibliografía:
GRAY, Miranda.(2003) “Luna Roja, Entendiendo y con los regalos creativos, sexuales y espirituales del ciclo menstrual.” Publicado por AlphaOmega, Londres, Inglaterra.

PEREZ SAN MARTIN, Pabla. (2007) “Manual Introductorio a la Ginecología Natural” La Picadora de Papel, Santiago de Chile, Chile.

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